To Becario or not to Becario

Archive for the ‘yo no escribo’ Category

La más antigua

Posted by cobak en 20 septiembre, 2007

epidermisDesde hace miles de segundos que observo la vida desde mi posición privilegiada en la frente de mi creador. Soy probablemente el más viejo de mis compañeros epidérmicos. Me miran con respeto, incluso admiración, ya que he vivido más del doble de lo que cualquiera de ellos lo hará. La primavera se acerca, y con ella el sol, la sudoración, la protección, los cambios de temperatura, alergias, agentes extraños. Llega el trabajo duro y todos quieren mis consejos para sobrevivir un poco más, todos temen caer.

 

Nuestro mundo no tiene piedad. Todos nosotros, tarde o temprano, seremos reemplazados sin compasión por la nueva hornada de piel que aprieta desde abajo. Yo sólo he aguantado un poco más, no sé como, pero si sé que no durará. Es cierto que hay zonas mejores, lugares de nuestro creador dónde apenas caemos, y la poca regeneración empuja sólo a los más viejos y desgastados. Pero todos caemos. Nos convertimos, nunca mejor dicho, en polvo.

 

He cumplido mi trabajo, mi destino, mi obligación como parte de la epidermis. He pasado por todos los estratos que me estaban asignados. Pero soy prescindible, y pronto, lo siento a mi espalda, vendrá un joven y me empujará al vacío. Mi único consuelo es la altura dela posición en la que me encuentro. Seré polvo, sí. pero tardaré en caer, y con suerte las corrientes de aire me mantendrán mucho tiempo vagando por el mundo, viajante de aires y corrientes, sin otro destino ni funcionalidad que la de depositarme junto a otros en un lugar ahora desconocido.

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Amanece, que no es poco

Posted by cobak en 29 junio, 2007

amanecerAmanecía en mi caminar, de izquierda a derecha la línea del horizonte marcaba un antes y un después de la verdad. A un lado, la izquierda en mi caso, el principio, el amanecer, la luz, la libertad mostrada en toda su estupidez. Al otro lado, donde el contorno de la luz y la oscuridad se hacía indistinguible, donde el mundo del horizonte cambiaba de el azul oscuro, marino, cuasi negro, al rosado, cruento nácar de luz, crema luminoso.

Hacia la oscuridad de la verdad me llevaban los pasos, allí, hacia la noche infinita, ultimada de sudor, de esplendor, de música, y sin escuchar, olía la verdad de mi destino: Que yo no era nadie, que no debería ser nadie. Que lo fui todo esa noche, y que todas me amaron. Que las amé y las amaré a todas, como siempre, y que nadie lo dude. Que será y será una y otra vez, vuelta a empezar y jamás dejarán de encontrarme, ni yo de buscarlas, que hoy amé como hacía tiempo que no lo hacía. Ella volvió, sonrojada como una supernova. Viva como el césped, indivisible, perfecta, como siempre…

Eres y serás, en vida como sólo tu sabes. Amor es una palabra fútil donde esconder los grandes tormentos que azotan mi alma. Incluida estás por los siglos de los milenios, y gracias doy por ello.

anna y yoLA MUSA ENFERMA

Mi Pobre musa, !ay! ¿qué tienes este día?
Pueblan tus vacuos ojos las visiones nocturnas
Y alternándose veo reflejarse en tu tez
La locura y el pánico, fríos y taciturnos.

¿El súcubo verdoso y el rosado diablillo
El miedo te han vertido, y el amor, de sus urnas?
¿Con su puño te hundieron las foscas pesadillas
En el fondo de algún fabuloso Minturno?

Quisiera que, exhalando un saludable olor,
Tu seno de ideas fuertes se viese frecuentado
Y tu cristiana sangre fluyese en olas rítmicas,

Como los sones múltiples de las sílabas viejas
Donde, reinan Por turno Febo, padre del canto,
Y el gran Pan, cuyo imperio se extiende por las mieses.

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Eso no se pregunta

Posted by cobak en 26 mayo, 2007

Cada vez que alguien pregunta la edad y se le contesta con un insustancial “Eso no se pregunta”, significa ni más ni menos que cree que tiene o demasiados o demasiado pocos. En el creer está el problema. Si uno no está preparado para la siguiente etapa de su vida predicha por la sociedad, porque debe avergonzarse de que su edad sea excesiva para una etapa anterior.

Yo me siento como un adolescente calenturiento. Me comporto como tal. Y hoy ella me ha hecho sentirlo. Me ha subido, bajado, calentado, parado y rematado. He disfrutado con la búsqueda de un poco más de su cuerpo, por ver y tocar un centímetro más. por sentir sus manos buscar un poco más de mi. Con excitarla. Sentir que ella quería más. Luego ha dicho:

– ¿Cuantos años tienes?

– eso no se pregunta.

– ¿porqué?

– No lo se.

– Yo tengo 20.

– Yo 28.

– Nunca había estado con alguien tan mayor.

– ¿Y que tal lo hacemos los “viejos”?

– He buscado en la edad equivocada hasta ahora.

Me ha enamorado con esa última frase. Luego le he dado un numero falso. No por desprecio, sino por manejar mejor el que no me vuelva a llamar. Así la culpa es mía.

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¿Puedo quedarme a dormir?

Posted by cobak en 24 mayo, 2007

– ¿Puedo quedarme a dormir?

– Me encantaría… pero mis padres vienen a comer. Y… (esta, y “tengo que ir a comer a casa de mis padres” són mis favoritas. Y si no se lo creen puedes ir de verdad.)

– Oh, vaya.

– Sí, lo sé.

– Entonces será mejor que me vaya ya…

– será lo mejor.

– ¿Puedes acompañarme al metro?

– Yo estoy absolutamente reventado, muerto, exhausto. Has succionado (literalmente) toda mi esencia y energía. Soy incapaz de ponerme en pie, y mucho menos de salir a la calle.

– Entonces, ¿No vas a acompañarme?

– No puedo, aún no me he recuperado. Necesitaré por lo menos un par de días. Yo no tengo tanta energía, tanta vitalidad como tú. Me siento incluso un poco humillado por no estar a la altura. (Los halagos son cómo vaselina, ayudan hasta para dar por el culo)

– Antes sí has estado a la altura. (ella no mucho, más bien sosa)

– Toda la noche has hecho que me sonrojara, por favor, para.

– Eres un encanto. Pero mejor te dejo que descanses. Si que pareces un poco cansado.

– Gracias.

– Adiós.

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El espejo (II)

Posted by cobak en 11 mayo, 2007

Me acerqué al picaporte de la puerta de mi habitación, aunque toda mi mente estaba dirigida a la huida. Todo mi cuerpo buscaba una escapatoria. Normal. Dime que me amas, que te amo, que te necesito, que me necesitas… Olvida el resto y empieza a pensar a partir de este momento. Te amo.

No. No vengas. Olvidame. No te merezco. Ni a ti ni a nadie. Aún así te sigo amando. Y cada día que paso sin verte es una tortura para mi desvergonzada alma. Dime. Alma. Odia. Ama. Siempre serás para mí mucho más de lo que te puedas imaginar.

Amor! Palabra inculta para explicar un sentimiento impúdico, abstracto, roñóso, horrible…

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El espejo (I)

Posted by cobak en 5 mayo, 2007

– ¡Levántate!

Cada mañana la misma historia. La misma voz. Ordenes en mi cabeza sin explicación lógica ninguna. Me levanté de la cama y corrí hacia el lavabo. Debía expulsar el demonio que habitaba en mi interior, en mi estomago, en mi mente. Vomité, vomité y después volví a vomitar. Kalimotxo, cerveza, … y más cosas que no recordaba de anoche, ni era capaz de distinguirlas ahora, dentro de esa masa líquida, con pequeños tropezones de, …. de… ¡Que asco! ¡Albóndigas!

De vuelta a mi dormitorio, y a la seguridad incomprensible de mis sabanas, sentí la necesidad imperante de dormir a pierna suelta, y a calzoncillo quitado. Y como yo no soy nadie para interponerme a la gran Madre, usé mi ropa interior de bandera arrojadiza y me dispuse a disfrutar de un domingo en hibernación. Necesitaba dormir, pero algo lo impedía.

Me levanté, después de revolotear un par de horas entre sábana y cubrecama, y, desnudo, me preparé algo parecido al arroz con tomate. Una propuesta de arroz a la cubana. Insatisfactoria. Y yo que me creía un cocinero ducho. ¡Mierda!

La televisión no me ofrecía nada que ocultase mi inutilidad culinaria. Todo lo contrario, parecía que cualquier inculto de mierda pudiera cocinar un simple pollo a los mil-millones de pimientas con aire de azafrán. Por poco dinero, encima.
….

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Ki asesino

Posted by cobak en 26 abril, 2007

Alguien me mira desde detrás y por encima de mi hombro. Me giro pero no veo a nadie. Vuelvo al trabajo, escribo unas líneas de código, no está bien, dará errores. Me interrumpe de nuevo esa sensación, el bello de mi cogote se eriza, electrificado como un jersey de lana frotado. La temperatura de mi cuerpo enloquece, tengo frio en la frente pero aún así sudo. Mis antebrazos estan mucho más calientes que mis manos, que se han quedado heladas. Mi espalda se divide en franjas, carreteras de subida transportando hielo y autopistas que bajan sudor como lava.

Débilmente se acerca un susurro a mi oído, igual que se siente el zumbido de una mosca antes de oírla. Un sonido imperceptible que el cerebro no sabe si deshechar o no. No presto atención. Yo si lo deshecho. No es importante. No existe.

– Andrea.

Me sobresalto. Ahogo un grito y toso para que mis compañeros de oficina no me miren peor de lo que ya lo hacen. Me odian. Yo también a ellos. Miro hacia atrás buscando una explicación, un móvil, una pequeña radio, quizá una broma absurda y humillante de Sergio. Es al que peor le caigo. Es lógico, yo lo odie a muerte desde el mismo momento en que le vi. Odio a primera vista.

¿Quien es Andrea? Nunca he conocido a nadie con ese nombre. Tengo una memória nefasta, especialemente para los nombres. Andrea. Andrea. Andrea. Andrea. No puedo quitarme ese nombre de la cabeza. No tiene sentido. Repaso mentalmente familiares, amigos, compañeros de trabajo, conocidos… nada. Sólo nombres de gente famosa o de grupos de música. ¿Porque Andrea?

Levanto la vista, los moradores de la oficina no reparan en mi angustia. No me ven. No quieren mirarme. Mirarme significaría tener que hacer un gesto de arovación o de asentimiento. Es estúpido. Odio que la gente haga eso. Yo casi siempre guiño un ojo y miro al suelo. Me sonrojo de vergüenza. No própia, no. Me avergüenzan ellos. Me avergüenza que me saluden como si fuera obligatorio, hagan un gesto y después sigan sus vidas. Me ocurre igual en el autobús al llegar a la oficina, normalmente llegamos en el mismo. Se forman grupos y parejas para hablar de nada. Yo procuro apartarme, no quiero intimar, dejaré esta oficina en 1 mes. No ganaré nada intimando. Además estropearian mi lectura o tendría que apagar mi Mp3.

– Andrea te sigue

Salto en la silla. Ahora sí me miran todos. Disimulo como puedo, mirando hacia abajo como si hubiera algo en mi silla. Desafío con la mirada a Sergio. Sonríe. No, se está riendo. Agudizo la mirada, pienso en matarlo si alza un poco más la voz, intento proyectar todo mi Ki asesino hacia el para que recapacite. De repente, calla. Parece asustado. Disparo al pecho y sigo hacia la derecha con el resto.

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