To Becario or not to Becario

preparando la cena

Posted by cobak en 4 agosto, 2007

Dentro de un par de horas he quedado con una amiga para follar. Es de ese tipo de zorra a la que le gusta que la maltrate después del segundo orgasmo, esta tan acostumbrada a un mal acompañante, que me pide que la pellizque para saber que lo que yo hago es de este mundo. Tiene uno de esos novios que se duerme a los cinco segundos de correrse, justo 10 minutos antes de que ella se entere de que han empezado a follar. Al menos ella ha dado el paso. Se ha liberado, poco a poco, de su vida de mierda anterior. Es la envidia de todas sus conocidas, en especial de las que más la critican. Me gusta follármela porque sabe lo que quiere, eso es mucho más difícil de lo que la mayoría cree.

 

No importa cuanto este gritando de placer, no importa cuanto me pida que pare y durmamos. Cuando pida clemencia le pediré que me pinte las uñas de negro y que me espere en el bar de la esquina mientas voy a cenar a casa de unos amigos de mis padres.

 

La espero con ansia y eso que voy bien servido de sexo escatológico. No por aquiescencia de mi animal pervertido interior, sino por despedida de uno de los mejores coños que han resbalado por mis sabanas. Despedida no, faltaría a la verdad, hasta pronto, quizá, quién sabe, quién quiere saberlo. Volverá, llegará y esta vez creo que toca su cama. Tríos, esposas y juguetes. Animo!

Asco de Pessoa, me ha robado el sentimiento, solo que casi 100 años antes.

pessoa sabia lo que hacia Si yo muriera joven,
sin poder publicar libro alguno,
sin ver la cara que tienen mis versos en letra impresa,
pido que, si se quisiesen molestar por mi causa,
no se molesten.
Si así ocurrió, así es verdad.

Aunque mis versos nunca sean impresos
tendrán su propia belleza, si fueran bellos.
Pero no pueden ser bellos y quedar por imprimir,
porque las raíces pueden estar bajo la tierra
pero las flores florecen al aire libre y a la vista.
Tiene que ser así por fuerza. Nada puede impedirlo.

Si yo muriera muy joven, oigan esto:
nunca fui sino una criatura que jugaba.
Fui gentil como el sol y el agua,
de una religión universal que sólo los hombres no conocen.
Fui feliz porque no pedí ninguna cosa,
ni procuré hallar nada,
ni hallé que hubiese más explicación
que la de que la palabra explicación no tiene ningún sentido.

No deseé sino estar al sol o a la lluvia,
al sol cuando había sol
y a la lluvia cuando estaba lloviendo
(y nunca la otra cosa).
Sentir calor y frío y viento,
y no ir más lejos.

Una vez amé, pensé que me amarían,
pero no fui amado.
Pero no fui amado por la única gran razón:
porque no tenía que ser.
Me consolé volviendo al sol y a la lluvia,
y sentándome otra vez en la puerta de casa.
Los campos, al fin, no son tan verdes para los que son amados
como para los que no lo son.
Sentir es estar distraído.

¿Alguien tiene cojones de decirme que los últimos tres versos no son de un puto y magnifico genio? ¡Cabrón! ¡Ladrón! porque no soy capaz de comprender el mundo en esos términos. Igualmente, muchas gracias.

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